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La
enfermedad degenerativa de las articulaciones se llama Artrosis. Es lo
que, habitualmente y de modo coloquial, se llama "desgaste".
Las
articulaciones están formadas, entre otros componentes, por los
cartílagos.
Éstos
cubren la superficie del hueso que se articula con otro hueso. Cuando
este cartílago se degenera o "desgasta"
se produce la Artrosis.
En
muchas ocasiones, esa Artrosis es generalizada. Esto significa que
afecta a muchas de las articulaciones del cuerpo: columna vertebral,
manos, caderas, rodillas,... Otras veces, se localiza, únicamente, en
una o pocas articulaciones. Cuando afecta a la columna cervical,
hablaremos de Artrosis Cervical o Cervicoartrosis.
La
columna vertebral del hombre está formada por los siguientes segmentos:
Cervical
Dorsal
Lumbar
Sacro-coccígeo
La
columna cervical es la que constituye el esqueleto del cuello. Está
formada por siete vértebras que se articulan entre si.
Pongamos
un ejemplo: la quinta vértebra cervical (a partir de ahora la llamaremos
C5) se une por arriba con la cuarta vértebra cervical (C4) y por abajo
lo hace con la sexta (C6). Esa unión entre dos vértebras se realiza
mediante varias superficies articulares cubiertas por cartílago. Cuando
ese cartílago se degenera, se produce la Artrosis Cervical.
Las
vértebras forman un canal cuyo interior está ocupado por una estructura
nerviosa: la médula espinal. De ella, en su porción cervical, salen
raíces nerviosas que se dirigen hacia los brazos y las manos. Entre dos
vértebras contiguas (por ejemplo: entre C5 y C6) salen una raíz nerviosa
derecha y otra izquierda.
Nos
podemos preguntar: ¿A qué se debe o por qué se produce la Artrosis
Cervical?. En general se distinguen dos tipos de artrosis:
idiopática (no se conoce la causa).
secundaria (es consecuencia de un
traumatismo, una infección, una malformación congénita, etc.).
En
el caso particular de la Artrosis Cervical se puede hacer la misma
clasificación. Es muy importante saber que la inmensa mayoría de los
casos de cervicoartrosis se incluye dentro del primer grupo. Esto
significa que casi nunca conocemos su causa. |
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Normalmente
va a tener dolor en el cuello (cervicalgia). Puede ocurrir de modo agudo,
es decir, con una aparición rápida y desaparición en unos pocos días. Más
frecuente es que la cervicalgia sea crónica. En este caso, el dolor
aparece de modo más lento y su duración es mayor. Puede durar varias
semanas o meses y no es raro que el dolor reaparezca al cabo de cierto tiempo. Su intensidad
suele ser leve o moderada y suele localizarse en la parte posterior e
inferior del cuello.
En
muchos casos ese dolor se acompaña de sensación de rigidez en el cuello.
En
casi todos los casos, el dolor de cuello y su rigidez son los dos únicos
síntomas de los pacientes con Artrosis Cervical.
En
muy pocas ocasiones el dolor se acompaña de sensación de hormigueo o
pérdida de fuerza en un brazo o una mano. Esto puede ocurrir cuando una
parte de la vértebra artrósica comprime una de las raíces nerviosas que
sale próxima a ella. Esto se llama neuralgia cérvico-braquial o
cérvico-braquialgia, que significa dolor de cuello que se extiende al
brazo, e incluso a la mano, como consecuencia de la compresión de una raíz
nerviosa.
Hay
otros síntomas que pueden aparecer como consecuencia de ciertas
complicaciones de la Artrosis Cervical pero, por su rareza, no merecen
nuestra atención en este momento.
Ahora
que sabemos que la Artrosis Cervical produce dolor del cuello, uno se
podría preguntar: ¿Siempre que duele el cuello es por culpa de la
cervicoartrosis? La respuesta en no. Una persona puede tener cervicalgia
por otros motivos diferentes.
Si esto es así, la siguiente pregunta es obvia:
¿Cómo se puede saber que el dolor de cuello es debido a la artrosis? En la inmensa mayoría de los casos
la historia que el paciente cuenta al médico, la exploración y las radiografías son suficientes para
hacer un diagnóstico de Artrosis Cervical. Si el médico solicita análisis, éstos son rigurosamente
normales (siempre que el paciente no tenga alguna otra enfermedad).
Casi
nunca será precisa la realización de otras pruebas, como la resonancia
magnética, escáner,...
Es
importante saber que:
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A los 25 años de edad, aproximadamente 1 de
cada 5 sujetos tienen datos de artrosis en las radiografías de la columna
cervical.
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Casi el 100% de las personas mayores de 65
años tienen signos radiológicos de Artrosis Cervical.
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En muchísimos casos, la
Artrosis Cervical no produce ningún síntoma.
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En pacientes con Artrosis Cervical, el
dolor de cuello puede ser debido a otras causas.
Las
siguientes son preguntas que se hacen con frecuencia los pacientes que padecen
cervicoartrosis: "Esto
no se cura, ¿verdad?",
"al
menos se podrá parar, ¿no?",
"¿qué
pasará dentro de unos años?".
El
pronóstico de la Artrosis Cervical es bueno. Los síntomas no empeoran con
la edad. Efectivamente, no existe ningún tratamiento que cure la Artrosis.
Tampoco hay medicamentos que la frenen. Es cierto que existen estupendos
fármacos que alivian el dolor, incluso haciéndolo desaparecer.
 Además,
un programa adecuado puede contribuir a disminuir los síntomas, mejorando
el movimiento y la función del cuello. Este programa, además del uso de
medicamentos, ha de incluir una serie de consejos posturales y la
realización de ejercicios de fortalecimiento de la musculatura cervical.
Lo que
pasará al cabo de unos años no se puede predecir. Lo cierto es que, aún en
los peores casos, la cervicoartrosis avanza muy despacio, lo que da tiempo
al paciente a conocer bien su enfermedad así como las medidas terapéuticas
a seguir.
 Pero
las preguntas que se va a hacer todo paciente, una vez que su médico le ha
dicho que padece una cervicoartrosis serán: "¿Cuál
es el tratamiento que debo seguir?",
"¿que
he de hacer para poder realizar una vida normal, en la que no influya mi
dolencia?".
 Como
se ha dicho anteriormente, no existe un tratamiento que pueda curar o, ni
siquiera frenar, la Artrosis.
Sin embargo,
un programa de atención integral a la columna cervical puede aliviar y
hacer desaparecer el dolor y la rigidez del cuello.
Este
programa ha
de
incluir:
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Consejos o recomendaciones acerca de las
posturas, tanto durante el día (¿cómo sentarse?, ¿cómo permanecer de pie?)
como por la noche (en el descanso nocturno, dormir sin almohada o con una
almohada baja y blanda).
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Evitar movimientos o posturas forzadas de
la columna cervical (sobre todo, en el trabajo: delante de un ordenador o
una máquina de escribir no se debe mantener el cuello flexionado durante
largo tiempo, no se debe cargar pesos encima de la cabeza,...).
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Cuando se instaura la cervicalgia aguda, es
recomendable el reposo del cuello, en ocasiones empleando un collarín
cervical blando durante unos pocos días. En este momento puede ser
beneficiosa la aplicación de calor local en forma de manta eléctrica,
bolsa o chorro de agua caliente.
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Un tratamiento farmacológico del dolor,
inicialmente con analgésicos. Si persistiesen el dolor y la rigidez
cervical, habría que intentar el uso de medicamento antiinflamatorios. En
el caso de una cervicalgia aguda, sólo si existe una contractura muscular,
será de utilidad el empleo de relajantes musculares. Sólo en raras
ocasiones, cuando existe una artrosis severa con alguna complicación
neurológica (por ejemplo: compresión de una raíz nerviosa), será preciso
el uso de otros fármacos, según indicación de su reumatólogo.
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Ejercicios específicos de fortalecimiento
de la musculatura del cuello, en el momento en que se consigue el alivio
del dolor. Son recomendables los movimientos de cuello lentos y de
amplitud máxima. Estos ejercicios son sencillos y su intensidad puede
aumentarse progresivamente sin ningún riesgo. Deben evitarse en la fase
inicial de la cervicalgia aguda
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En una minoría de los casos (probablemente
menos de un 1%) no es necesario recurrir a la cirugía.
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