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La
osteoporosis como su mismo nombre indica, es una enfermedad en la que el hueso se vuelve más poroso, con más aire en su interior, aumentando el número y el tamaño de las cavidades o celdilla que existen en su seno. De esta manera los huesos del esqueleto se hacen más frágiles, resisten peor los golpes y se rompen con mayor facilidad. Las fracturas son, efectivamente, el síntoma y la consecuencia de esta enfermedad, condicionando su repercusión sociosanitaria. |
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1 -
¿POR QUÉ SE PRODUCE?.
2
- ¿CUAL ES EL SUSTRATO ANATÓMICO DE LA LESIÓN?
3 - ¿QUÉ
SÍNTOMAS DA?
4 - ¿CÓMO
SE DIAGNOSTICA?
5 - ¿CUÁL
ES EL TRATAMIENTO? |
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¿POR QUE SE PRODUCE? |
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La
masa ósea es la cantidad de hueso (proteínas y sales de calcio) que
presenta una persona en su esqueleto en un momento de su vida. Depende de
la edad, el sexo y la raza. El hueso no es, ni mucho menos, un órgano
muerto, sin vida. En su interior se verifican a lo largo de toda la vida
numerosos procesos metabólicos, con alternancia equilibrada de fases de
destrucción y formación, reguladas por distintas hormonas, la actividad
física, la dieta, los hábitos tóxicos y la vitamina D, entre otros. En
condiciones normales, una persona alcanza a los 30-35 años una cantidad
máxima de masa ósea ("pico de masa ósea"), capital de cuya renta deberemos
vivir el resto de nuestra existencia.
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Existe
una pérdida natural de masa ósea, a partir del momento en que se adquiere
el valor pico, que suele ser lenta y dura el resto de la vida. La mujer ha
sido peor tratada por la naturaleza en lo que respecta al metabolismo
óseo. En primer lugar, su pico de masa ósea, alcanzado durante la época de
maduración esquelética suele ser inferior al del varón. Además, cuando
llega la menopausia, es decir la fecha de la última regla, al cesar la
producción de hormonas sexuales femeninas por el ovario, algunas mujeres
(no todas) pueden sufrir una pérdida más acelerada y rápida de hueso, que
puede llegar a producir la osteoporosis postmenopáusica.
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La
otra forma frecuente de osteoporosis se produce en los ancianos. Ésta es
la consecuencia del envejecimiento y de una alteración en el metabolismo
de la vitamina D que puede aparecer a estas edades. Además de la
osteoporosis de la menopausia y la del anciano, existen otras causas menos
frecuentes de esta enfermedad que se presentan como consecuencia de
algunos tóxicos (alcohol), medicamentos (cortisona y sus derivados),
enfermedades endocrinas, enfermedades reumáticas inflamatorias,
enfermedades de la sangre o del hígado.
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¿CUÁL ES EL SUSTRATO ANATÓMICO DE LA LESIÓN? |
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En
la osteoporosis se produce una disminución global del tejido del hueso por
cada unidad de volumen del mismo. Es decir, que se pierden las proteínas
que conforman la matriz y las sales minerales cálcicas que se depositan
sobre la misma. |
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El
hueso llamado compacto (parte central de los huesos largos de nuestro
esqueleto, por ejemplo fémur, tibia) está formado por una red de láminas
concéntricas con un canal central por donde discurren los vasos sanguíneos
que lo nutren. El hueso esponjoso se sitúa en los extremos de los huesos
largos y en los huesos que llamamos planos o cortos (costillas,
vértebras). En su seno existe una red de trabéculas, similar a la que
puede formar una red de una tela metálica. En los huecos que deja esta red
se sitúan los vasos sanguíneos. |
La
osteoporosis hace que se pierda tejido óseo. Esta pérdida comienza por el
adelgazamiento de las trabéculas del hueso esponjoso y por la interrupción
de las conexiones en la red que éste conforma. El hueso compacto se
adelgaza y pierde su grosor. De esta manera, los dos tipos de hueso se
hacen menos resistentes, captan, absorben y amortiguan peor los impactos y
las caídas, y se fracturan con mayor facilidad. |
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¿QUE SÍNTOMAS DA? |
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La
osteoporosis es una enfermedad silenciosa. No da síntomas hasta que la
pérdida de hueso es tan importante como para que aparezcan fracturas, y
esto habitualmente ocurre muchos años después de que se haya perdido la
regla en la mujer. Existen, pues, las siguientes posibles formas de
comienzo y detección de la enfermedad:
-
Descubrimiento de la enfermedad (sin que se
hayan producido fracturas, pero con masa ósea descendida) en personas que
reúnen múltiples factores de riesgo para padecerla. Entre estos se
encuentran, para la mujer postmenopáusica, la pérdida temprana de la
menstruación (antes de los 46 años), la pérdida de la menstruación después
de una cirugía ginecológica que suponga la extirpación de los dos ovarios,
factores hereditarios, genéticos y la constitución corporal y el hábito de
actividad física. En otras situaciones pueden existir señales de alarma
que inclinen a la búsqueda de este padecimiento: uso abusivo del alcohol,
recibir de forma mantenida determinadas dosis de cortisona o sus
derivados, padecer determinadas enfermedades endocrinas, reumatológicas o
inflamatorias.
-
Presentar fracturas de repetición de huesos
largos (fémur, húmero, radio en la muñeca) ante mínimos golpes o caídas, o
de forma espontánea.
-
Padecer fracturas vertebrales por
ejercicios nimios (torcerse, agacharse, toser, estornudar) o incluso sin
relación con ningún desencadenante.
-
Sufrir, generalmente en edades avanzadas de
la vida, un cambio claramente perceptible de nuestra conformación
corporal, con pérdida de altura, aparición de una "joroba" en la espalda,
abombamiento del abdomen. Esta situación se desencadena por la repetición
de fracturas de las vértebras, con hundimiento progresivo de las mismas. A
veces, puede que no existan síntomas agudos. Sin embargo, cuando se
establece esta deformidad puede aparecer dolor espinal por la modificación
que se produce en la conformación normal de la espalda.
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Las
fracturas que más frecuentemente desencadenan la osteoporosis se localizan
en las vértebras y en la cadera. Las fracturas de cadera suelen aparecer
más tarde, en la vida de la mujer, que las vertebrales. Generalmente se
producen alrededor de los 70 años. Cada año se producen en nuestro país
33.000 casos de fractura de cadera. Aunque se ha progresado mucho en la
asistencia y el tratamiento de la fractura de cadera, hay que seguir
considerando a este proceso como un acontecimiento grave de la vida.
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¿CÓMO SE DIAGNOSTICA? |
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Usted
puede no haber notado ningún síntoma de la osteoporosis hasta que se haya
fracturado un hueso por primera vez, haya desarrollado una pérdida de
estatura o se le haya alterado la conformación normal de la espalda, con
desarrollo de joroba. Si usted presenta estos fenómenos o reúne factores
de riesgo para presentar la enfermedad es probable que su médico le
realice una densitometría. Esta técnica permite medir la densidad ósea con
una mínima exposición a radiaciones. Es más sensible, desde luego, para
detectar las fases incipientes de la osteoporosis (aquellas silenciosas,
en las que no aparecen síntomas) que la radiología simple de los huesos.
Esta prueba además puede servir para predecir el riesgo de fractura en
pacientes que todavía no se han roto ningún hueso. La organización Mundial
de la Salud ha favorecido el establecimiento de una clasificación de los
valores de densitometría ósea según la intensidad de la pérdida de cada
mujer, con respecto a su valor pico de masa ósea.
La
densitometría no sólo nos informa de la pérdida de hueso en una persona.
También puede documentar el comportamiento y la respuesta del esqueleto a
un tratamiento contra la osteoporosis, a lo largo del tiempo. En el futuro
quizá pueda medirse la densidad ósea por ultrasonidos. Las radiografías
simples de los huesos sirven para detectar las fracturas pero son poco
sensibles para medir la densidad ósea.
En
la osteoporosis primaria y en la senil no se suelen alterar notablemente
los análisis de laboratorio. Los niveles de calcio (sangre y orina),
fósforo y proteínas suelen ser normales. La fosfatasa alcalina es una
sustancia de la sangre que sólo se eleva, en la osteoporosis, en los casos
de fracturas en fase de reparación, es decir cuando se está formando el
callo. Otros análisis más complicados podrían medir en sangre o en la
orina el grado de actividad de la enfermedad y el balance que existe en el
esqueleto de una persona entre la formación y la destrucción de hueso. En
algunas situaciones, será necesario medir niveles de la vitamina D en
sangre, las hormonas del tiroides o realizar análisis para investigar el
funcionamiento del riñón o del hígado. El médico con entrenamiento
especial y conocimiento experimentado del metabolismo óseo que puede
colaborar con su médico de cabecera para el diagnóstico y tratamiento de
esta enfermedad es el reumatólogo. |
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¿CUÁL ES EL TRATAMIENTO? |
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Tabla 1
Tratamiento
Medicamentos empleados |
- Medicamentos
con calcio
- Vitamina D
- Estrógenos
- Etidronato
- Alendronato
- Risedronato
- Raloxifeno
- Calcitonina
- Elcatonina
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El
tratamiento de la osteoporosis persigue como objetivo la reducción del
número de fracturas debidas a esta enfermedad (tabla 1). La herramienta
fundamental para conseguir este fin consiste en construir un hueso fuerte
y resistente, y evitar su pérdida de masa ulterior. Aunque el pico de masa
ósea de cada persona está muy condicionado por su carga genética, y sobre
ésta no se puede actuar, es importante concienciar a la población joven,
especialmente femenina, de que ingieran en la adolescencia y juventud una
cantidad adecuada de calcio (tabla 2), que realicen un ejercicio físico
correcto y que supriman hábitos nocivos, como el alcohol y el tabaco, con
el fin de que obtengan una buena cantidad de masa ósea.
Ingresar
en nuestro organismo la cantidad correcta de calcio es importante para el
esqueleto, la contracción muscular, la actividad cardiaca y la coagulación
de la sangre. La cantidad concreta a incorporar varia según la edad, sexo
y el riesgo de osteoporosis (tabla 2). Muchos adultos necesitarán de 1000
a 1500 mg al día. Esta ingesta se puede realizar con alimentos naturales
ricos en calcio (sobre todo la leche y sus derivados) (tabla 3), o como
suplementos en forma de medicamentos (sales de calcio). En este último
caso deberá existir un control de su médico sobre la cantidad y la pauta
de administración.
Tabla 2
Necesidades diarias de calcio por grupos de edad
Según el panel de consenso del INH de EE.UU. |
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Adolescentes |
10-25
años |
1200-1500 mg/día |
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Varones |
26-65
años
más de 65 años |
1000
mg/día
1500 mg/día |
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Mujeres |
25-50
años
Menopáusicas
Mayores de 65 años |
1000
mg/día
1000-1500 mg/día
1500 mg/día
(varía según nivel de
estrógenos)
1200-1500 mg/día |
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Edad
fértil en la mujer |
Embarazo y lactancia |
1200-1500 mg/día |
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Tabla 3
Contenido en calcio de los alimentos |
Número
de
raciones |
Quesos curados
30 g. |
Quesos frescos
30 g. |
Leche (1 vaso)
Yoghourt |
Verduras
100 g. |
Frutos secos
50 g. |
Pescados
100 g. |
Carnes
150 g. |
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1 |
250 mg. |
70 mg. |
150 mg. |
60 mg. |
70 mg. |
30 mg. |
20 mg |
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2 |
500 mg. |
140 mg. |
300 mg. |
120 mg. |
140 mg. |
60 mg. |
40 mg. |
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3 |
750 mg. |
210 mg. |
450 mg. |
180 mg. |
210 mg. |
90 mg. |
60 mg. |
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4 |
1.000 mg. |
280 mg. |
600 mg. |
240 mg. |
280 mg. |
120 mg. |
80 mg. |
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Necesidades diarias de calcio:
1.500 mg. |
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La
vitamina D es una sustancia fundamental para el hueso. Sus necesidades
diarias se consiguen fundamentalmente por la formación de la misma a
partir de la irradiación solar actuando sobre la piel. Efectivamente, los
únicos alimentos naturales ricos en vitamina D son los aceites de hígado
de pescado y éstos no se toman habitualmente en nuestra dieta. En
determinadas situaciones (latitudes muy septentrionales, días poco
soleados del centro del invierno, personas mayores que salen poco a la
calle o están encamadas en residencias) puede haber falta de esta vitamina
y se debe suministrar en forma de medicamento, a dosis fisiológicas
(400-800 Ul/día).
El
tratamiento ideal de la osteoporosis debería permitir, cuando ésta ya ha
aparecido, recuperar la cantidad de hueso que se ha perdido y volver a
situar la masa ósea en sus valores normales. Desgraciadamente esto no se
puede conseguir todavía en nuestros días. La mayoría de los medicamentos
que se usan en esta enfermedad son sustancias que frenan la pérdida de
hueso y, a veces, en los primeros años, pueden conseguir pequeños
incrementos de su densidad. Son sustancias que llamamos antirreabsortivas
y, entre ellas, se incluyen los estrógenos, las calcitoninas y los
bifosfonatos (etidronato, alendronato y risedronato). El raloxifeno es un
modular selectivo de los receptores estrogénicos, recientemente
incorporado a nuestro arsenal. Todos ellos han demostrado, en mayor o
menor medida, la capacidad de prevenir las fracturas vertebrales y/o de
cadera y otros huesos largos.
Tan
importante o más que la toma de medicamentos son las estrategias de
intervención diseñadas con el fin de prevenir las
caídas, causa habitual de las fracturas
osteoporóticas, especialmente de las de cadera. Aquí se incluyen el ajuste
de la medicación que reciba la persona y la eliminación de sus hábitos
nocivos, un adecuado programa de ejercicio y las correctas instrucciones
para el comportamiento.
Efectivamente,
existen medicamentos que pueden atontar a la persona y hacer que disminuya
su nivel de alerta y su coordinación motora. Es importante mantener una
adecuada agudeza visual para ver dónde se pisa. Una actividad física
razonable, adaptada a la edad y a las características de la persona,
incrementa la coordinación y potencia los músculos y la habilidad. Se debe
cuidar, especialmente en los ancianos la iluminación de la vivienda, el
calzado y el utillaje doméstico. Estas acciones van encaminadas a evitar
las caídas.
Finalmente,
dado que la energía trasmitida a los huesos durante el golpe puede ser el
factor determinante en la fractura de cadera, se han diseñado protectores
externos, que protegerían a esta región del cuerpo, amortiguando el
impacto. Hoy día todavía son muy aparatosos pero puede que en el futuro
interfieran menos con la función de esta articulación. |
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Sociedad Española de Reumatología |
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